Nunca pensé que el agua de la pileta se sentirÃa tan ajena. Miré hacia abajo y vi un cuerpo que no era el mÃo: las manos más pequeñas, la piel distinta, el reflejo de mi amiga devolviéndome una mirada que no reconocÃa como propia. Yo estaba atrapado ahà dentro… y mi cuerpo, el mÃo de verdad, estaba a unos metros.
Levanté la vista.
Ahà estaba mi cuerpo, caminando con seguridad, moviéndose como si siempre le hubiera pertenecido. Pero no era yo quien lo habitaba. Era ella.
Y lo peor llegó cuando vi a mi novia acercarse.
Mi corazón —o el que ahora tenÃa— empezó a latir con fuerza cuando mi amiga, usando mi cara, mi voz y mis gestos, la tomó de la cintura. Yo quise gritar, quise correr, quise advertirle… pero solo pude mirar.
Mi novia sonrió, confiada.
Confiaba en mÃ.
Cuando la besó, sentà algo romperse por dentro. No fue solo celos, fue impotencia. Ver a alguien más usando mi identidad, tocando lo que yo amaba, mientras yo estaba ahÃ, invisible, prisionero de un cuerpo que no era el mÃo.
Ella actuaba tan bien…
Demasiado bien.
Mi amiga inclinó la cabeza, la besó como yo solÃa hacerlo, incluso con detalles que solo yo conocÃa. Y mi novia respondió, sin sospechar nada, convencida de que era yo.
En ese instante entendà lo peor:
no solo me habÃa robado el cuerpo…
estaba intentando robarme la vida.
Desde la pileta, con el agua cubriéndome hasta la cintura, apreté los puños y juré que encontrarÃa la forma de recuperar lo que era mÃo.
Porque nadie, nadie, tenÃa derecho a vivir mi historia en mi lugar.
---
Sentà unas manos rodeándome la cintura desde atrás y me tensé al instante. Ese contacto no me pertenecÃa, no era para mÃ. Me giré despacio, con el corazón golpeándome el pecho, y entonces lo vi.
Era el novio de mi amiga.
Me miraba con una sonrisa tranquila, convencido de que yo era ella. Para él, ese cuerpo sà era el correcto. Antes de que pudiera reaccionar, se inclinó y me besó, sin dudas, sin sospechas.
Me quedé paralizado.
Mi mente gritaba que lo apartara, que dijera algo, que lo empujara… pero el shock fue más fuerte. Yo estaba atrapado en el cuerpo de su novia, viviendo una situación que no habÃa elegido, cargando con una identidad que no era mÃa.
Me separé apenas, confundido, y él frunció el ceño.
—¿Todo bien? —preguntó, preocupado—. Estás rara…
Rara.
Claro que estaba rara. Yo no era ella.
Levanté la vista y, a lo lejos, vi la escena que terminó de destruirme:
mi cuerpo… besando a mi novia, como si nada, como si el mundo no estuviera completamente roto.
Ahà entendà lo cruel de todo esto.
Mientras yo recibÃa un beso que no me correspondÃa,
mi amiga usaba mi rostro para darle uno a la persona que yo amaba.
Me aparté del novio de mi amiga con una excusa torpe y caminé hacia la pileta, con las piernas temblando. Necesitaba agua, aire, algo que me devolviera un poco de control.
Pero lo único que sentà fue la certeza de que, si no hacÃa algo pronto,
esta confusión iba a dejar heridas que no se iban a arreglar solo cambiando de cuerpo.
---
Volvió a sujetarme, esta vez con más seguridad, como si necesitara reafirmar algo. El beso fue breve, pero suficiente para dejarme completamente desorientado. Sus palabras me golpearon más fuerte que el contacto.
—Quiero estar con vos —me dijo, mirándome como si yo fuera la única persona en el mundo—. ¿Por qué no vamos a una de las habitaciones?
Sentà un nudo en la garganta. Mi cabeza gritaba no, pero el miedo a levantar sospechas fue más fuerte. Asentà apenas, casi sin voz, solo para ganar tiempo.
—Ahora voy… —atiné a decir.
Él sonrió, confiado.
—Te espero, amor.
Se fue.
El silencio que quedó fue insoportable.
Corrà a buscar a mi amiga, necesitaba hablarle, exigirle que terminara con esto, que devolviera mi cuerpo, mi vida. Pero no estaban. Ni ella, ni mi cuerpo, ni mi novia. Se habÃan ido.
Me quedé solo.
Solo en un cuerpo que no era mÃo.
Solo con decisiones que no me correspondÃan.
Solo cargando las consecuencias de actos que no habÃa elegido.
Desde el fondo del lugar, su voz volvió a llamarme:
—¿Amor? ¿Vas a venir?
Me quedé quieto. El corazón me latÃa con fuerza. Pensé en mi amiga, en cómo se habÃa llevado mi cuerpo como si fuera un disfraz. Pensé en mi novia, besando un rostro que creÃa conocer. Pensé en mÃ, atrapado ahÃ, a punto de cruzar una lÃnea que no sabÃa si podrÃa deshacer.
Si iba, mentÃa.
Si no iba, todo podÃa explotar.
Y por primera vez desde el cambio, entendà la verdad más dura de todas:
recuperar mi cuerpo ya no era lo único importante…
era salvar lo que quedaba de mi vida.
Me quedé respirando hondo, sabiendo que el siguiente paso iba a marcarlo todo.
---
No tuve otra opción.
Respiré hondo, como si eso pudiera darme fuerzas que no tenÃa, y caminé hacia la habitación con pasos lentos. Cada paso se sentÃa ajeno, como si no fuera yo quien avanzaba, como si el cuerpo que movÃa no me perteneciera en absoluto.
Que Dios me dé fuerzas, pensé.
No por lo que pudiera pasar ahà dentro, sino por todo lo que ya habÃa perdido afuera:
mi cuerpo,
mi identidad,
mi novia,
mi vida tal como la conocÃa.
Abrà la puerta sabiendo que nada iba a ser igual después de ese momento. No era una elección, era supervivencia. Aguantar, resistir, esperar que en algún punto todo esto terminara.
Porque aunque estuviera atrapado en un cuerpo que no era mÃo,
aunque el mundo entero me viera como alguien que no soy,
por dentro seguÃa siendo yo.
Y eso…
eso era lo único que aún no podÃan quitarme
Me agarro a la fuerza y me tira a la cama mientras me besaba el cuello y me acariciaba mis nalgas me quedé pensando como terminé aquà y como voy a solucionar esto
No hay comentarios:
Publicar un comentario