sábado, 3 de enero de 2026

sin título

"MI AMIGA Y YO CAMBIAMOS DE CUERPOS Y SE QUEDA CON MI VIDA 😨"

Nunca pensé que el agua de la pileta se sentiría tan ajena. Miré hacia abajo y vi un cuerpo que no era el mío: las manos más pequeñas, la piel distinta, el reflejo de mi amiga devolviéndome una mirada que no reconocía como propia. Yo estaba atrapado ahí dentro… y mi cuerpo, el mío de verdad, estaba a unos metros.

Levanté la vista.

Ahí estaba mi cuerpo, caminando con seguridad, moviéndose como si siempre le hubiera pertenecido. Pero no era yo quien lo habitaba. Era ella.
Y lo peor llegó cuando vi a mi novia acercarse.

Mi corazón —o el que ahora tenía— empezó a latir con fuerza cuando mi amiga, usando mi cara, mi voz y mis gestos, la tomó de la cintura. Yo quise gritar, quise correr, quise advertirle… pero solo pude mirar.

Mi novia sonrió, confiada.
Confiaba en mí.

Cuando la besó, sentí algo romperse por dentro. No fue solo celos, fue impotencia. Ver a alguien más usando mi identidad, tocando lo que yo amaba, mientras yo estaba ahí, invisible, prisionero de un cuerpo que no era el mío.

Ella actuaba tan bien…
Demasiado bien.

Mi amiga inclinó la cabeza, la besó como yo solía hacerlo, incluso con detalles que solo yo conocía. Y mi novia respondió, sin sospechar nada, convencida de que era yo.

En ese instante entendí lo peor:
no solo me había robado el cuerpo…
estaba intentando robarme la vida.

Desde la pileta, con el agua cubriéndome hasta la cintura, apreté los puños y juré que encontraría la forma de recuperar lo que era mío.
Porque nadie, nadie, tenía derecho a vivir mi historia en mi lugar.

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Sentí unas manos rodeándome la cintura desde atrás y me tensé al instante. Ese contacto no me pertenecía, no era para mí. Me giré despacio, con el corazón golpeándome el pecho, y entonces lo vi.

Era el novio de mi amiga.

Me miraba con una sonrisa tranquila, convencido de que yo era ella. Para él, ese cuerpo sí era el correcto. Antes de que pudiera reaccionar, se inclinó y me besó, sin dudas, sin sospechas.

Me quedé paralizado.

Mi mente gritaba que lo apartara, que dijera algo, que lo empujara… pero el shock fue más fuerte. Yo estaba atrapado en el cuerpo de su novia, viviendo una situación que no había elegido, cargando con una identidad que no era mía.

Me separé apenas, confundido, y él frunció el ceño.

—¿Todo bien? —preguntó, preocupado—. Estás rara…

Rara.
Claro que estaba rara. Yo no era ella.

Levanté la vista y, a lo lejos, vi la escena que terminó de destruirme:
mi cuerpo… besando a mi novia, como si nada, como si el mundo no estuviera completamente roto.

Ahí entendí lo cruel de todo esto.
Mientras yo recibía un beso que no me correspondía,
mi amiga usaba mi rostro para darle uno a la persona que yo amaba.

Me aparté del novio de mi amiga con una excusa torpe y caminé hacia la pileta, con las piernas temblando. Necesitaba agua, aire, algo que me devolviera un poco de control.

Pero lo único que sentí fue la certeza de que, si no hacía algo pronto,
esta confusión iba a dejar heridas que no se iban a arreglar solo cambiando de cuerpo.

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Volvió a sujetarme, esta vez con más seguridad, como si necesitara reafirmar algo. El beso fue breve, pero suficiente para dejarme completamente desorientado. Sus palabras me golpearon más fuerte que el contacto.

—Quiero estar con vos —me dijo, mirándome como si yo fuera la única persona en el mundo—. ¿Por qué no vamos a una de las habitaciones?

Sentí un nudo en la garganta. Mi cabeza gritaba no, pero el miedo a levantar sospechas fue más fuerte. Asentí apenas, casi sin voz, solo para ganar tiempo.

—Ahora voy… —atiné a decir.

Él sonrió, confiado.

—Te espero, amor.

Se fue.

El silencio que quedó fue insoportable.

Corrí a buscar a mi amiga, necesitaba hablarle, exigirle que terminara con esto, que devolviera mi cuerpo, mi vida. Pero no estaban. Ni ella, ni mi cuerpo, ni mi novia. Se habían ido.

Me quedé solo.

Solo en un cuerpo que no era mío.
Solo con decisiones que no me correspondían.
Solo cargando las consecuencias de actos que no había elegido.

Desde el fondo del lugar, su voz volvió a llamarme:

—¿Amor? ¿Vas a venir?

Me quedé quieto. El corazón me latía con fuerza. Pensé en mi amiga, en cómo se había llevado mi cuerpo como si fuera un disfraz. Pensé en mi novia, besando un rostro que creía conocer. Pensé en mí, atrapado ahí, a punto de cruzar una línea que no sabía si podría deshacer.

Si iba, mentía.
Si no iba, todo podía explotar.

Y por primera vez desde el cambio, entendí la verdad más dura de todas:
recuperar mi cuerpo ya no era lo único importante…
era salvar lo que quedaba de mi vida.

Me quedé respirando hondo, sabiendo que el siguiente paso iba a marcarlo todo.

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No tuve otra opción.

Respiré hondo, como si eso pudiera darme fuerzas que no tenía, y caminé hacia la habitación con pasos lentos. Cada paso se sentía ajeno, como si no fuera yo quien avanzaba, como si el cuerpo que movía no me perteneciera en absoluto.

Que Dios me dé fuerzas, pensé.

No por lo que pudiera pasar ahí dentro, sino por todo lo que ya había perdido afuera:
mi cuerpo,
mi identidad,
mi novia,
mi vida tal como la conocía.

Abrí la puerta sabiendo que nada iba a ser igual después de ese momento. No era una elección, era supervivencia. Aguantar, resistir, esperar que en algún punto todo esto terminara.

Porque aunque estuviera atrapado en un cuerpo que no era mío,
aunque el mundo entero me viera como alguien que no soy,
por dentro seguía siendo yo.

Y eso…
eso era lo único que aún no podían quitarme

Me agarro a la fuerza y me tira a la cama mientras me besaba el cuello y me acariciaba mis nalgas me quedé pensando como terminé aquí y como voy a solucionar esto 

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