"En sus zapatos"
Mi nombre es Mauricio García, tengo unos 18 años, a diferencia de otros chicos de mi edad no pude entrar a la universidad. Sinceramente en gran parte se debe a mi poco interés por los estudios, yo estudié en un colegio público y le daba más importancia a mi físico que a mi futuro, durante ese tiempo, y a temprana edad, estuve trabajando de mesero en un restaurante de comida china.
Llevando varios años trabajando allí, ya me había vuelto un trabajador fijo, pese a que recién había cumplido la mayoría de edad, por lo que pase casi automáticamente a ser un empleado oficial y con salario decente para mi trabajo, igual a veces ganaba propinas especialmente de chicas que visitaban el restaurante. Todo parecía tranquilo para mi vida hasta que el gobierno decidió impulsar su plan de colaborar con las Clínicas de Intercambio de cuerpos.
Todo surgió por una ley del ministerio del género y la igualdad, de acuerdo a esas feministas se debía aprovechar la tecnología, hasta ese momento usada para cumplir fantasías sexuales, para permitir que la gente comprenda a los demás y reducir el acoso. La idea era simple, cada persona una vez cumplida la mayoría de edad tenía que asistir obligatoriamente una vez anualmente y experimentar la vida desde los zapatos o tacones de otra persona, incluyendo su rol en la sociedad, ya sea está alguien rico, pobre, hombre, mujer, gay, trans, lesbiana, etc., al principio el proyecto era opcional hasta que el ministerio se quejó por la baja tasa de efectividad y decidieron aplicar multas y sanciones.
Mi jefe me llamó en privado y me explicó que si no aceptaba ir a la Clínica del Intercambio no me iba a pagar o me iba a despedir, en cambio si participaba iba a gozar de beneficios económicos como bonos.
Yo no quería cambiar mi cuerpo, menos con la posibilidad de llegar a ser una mujer, me gustaba mi vida y no estaba preparado Pat tener que vivir una que no me pertenecía. Pero mi jefe me contó como hasta ahora tuvo que cambiar con una madre y cumplir su rol de esposa, así como de ama de casa, pese a que no quería en lo más mínimo.
-Pero tampoco tuvo que ser tan complicado jefe, solo se hubiera puesto en calzón y hubiera andado así todo el día, así mantenía feliz a su esposo mientras limpiaba la casa- Le dije a mi jefe en un tono sarcástico
-Mira, no sé si creas que es fácil, me da igual. Tenía que levantarme a las cinco de la mañana a cocinar el desayuno de sus dos hijos más el almuerzo, luego complacer a su esposo cada mañana, seguro y ya viene un tercer hijo con todo lo que me forzó a hacer en la cama y también cumplir con los tontos estándares de belleza femeninos del occidente- Me respondió él claramente enojado
Mi jefe estaba enojado, más aún al ver como menosprecie su experiencia como mujer y como sabía que era necio a participar en el proyecto de intercambio de cuerpos del gobierno, me obligó a participar en dicho proceso si es que no quería ser despedido.
Cómo era un trabajo en el que yo ya llevaba tiempo y me pagaban bien a pesar de ser un mesero sin mucha experiencia, no me quedó de otra más que acceder a sus caprichos, además sospechábamos que Rita, la chica que atendía en caja actualmente era un chico algo joven, ya que para tener 40 años se empezó a vestir más revelador pese a estar casada y siempre entraba al baño cuando veía a alguna chica joven entrar primero, por lo que no podía sacar ningún argumento que evitara el cumplimiento de la ley.
Sin más, tuve que visitar la clínica al día siguiente, no sabía con quién me tocaría cambiar por todo un mes por políticas de la clínica, terminé de anotar los requisitos y finalmente me hicieron entrar a la sala dónde estaría la máquina que me daría mi castigo. Solo sabia que había un 50% de probabilidades de ser del otro género y una gran posibilidad de ser mayor.
Al entrar, vi que solo había una máquina con la que al parecer iba a intercambiar de vida en lo que era un amplio cuarto con uña puerta, la cual después de preguntar descubrí que era el baño para poder ver y acostumbrarse durante los primeros instantes al nuevo cuerpo.
Las asistentes comenzaron a ordenarme que me sentara en la máquina, quería salir de allí, sentía como la presión empezaba a subir en mi cuerpo, no quería vivir como un gay o transexual, ni si quiera quería cambiar mi vida en primer lugar.
Luego de unos segundos, me mareé, era como si me echara y parara demasiado rápido, mi cuerpo se sentía extraño para nada familiar y poco a poco la máquina comenzó a inyectarme información relevante de mi nuevo cuerpo al cerebro, luego de unos segundos, me sentía algo más tranquilo y familiarizado con mi nuevo cuerpo, pero fue ahí dónde empezó todo lo raro, empecé a procesar toda la nueva información y ahí me di cuenta que mi color favorito era el rosa, rápidamente abrí los ojos y miré para abajo, en mi pecho ahora se encontraban los senos de una mujer y peor aún una prenda rosa.
Yo todavía no podía creer esto, ni si quiera con mi ahora cerebro de chica, apenas podía procesar toda esta información que había llegado a mi mente, ahora y por todo y mes iba a tener unos senos, una vagina y claramente iba a tener que soportar la l periodo una vez en todo este mes, debía de ejercitarme todo el día, pero ahora enfocándome en ser una chica desconociendo sus rutinas y estándares de belleza propios de su género.
-Estimada, me podría decir como se llama- Escuche a un asistente
-¡Me llamo María Nochebuena, tengo 26 años y trabajo como entrenadora de gimnasio! ¿¡Espera- como que estimada y por qué sueño así de tierno!?-
-No se preocupe señorita Nochebuena, le daremos unos minutos para poder acostumbrarse a ser usted-
-No, sabe que… Ya me siento como siempre, solo disculpe, ¿Dónde está el baño de damas común de esta clínica?-
Siguiendo las direcciones salí del cuarto, por lo menos al ir al gimnasio, esta chica no llevaba nada infernal para caminar, sino que ahora tenía unas zapatillas bastante cómodas. Entre al baño y me empecé a decir eres Maria Nochebuena, eres instructora de gimnasio y tienes que hacer a todas las chicas y chicos mamados con tus rutinas bombón sexy. Me decía a mi mismo, reflejando mi cuerpo en el espejo, idealizando mi nueva posición en la vida ahora biológicamente una fémina, caminé lejos de la clínica, mirando como mi antigua vida se alejaba de mí por los siguientes 30 días, si es que Maria en mi cuerpo decidía regresar acabado el plazo. Eso sí, antes de salir aproveché y me vi por atrás.
-Vaya culazo tenemos, no es así nena?, No puedo creer que mamá y papá hayan criado a esta mujer vulgar- Me reí mientras me daba una nalgada y las otras chicas posiblemente todavía sin cambiar me veían asombradas por mi actitud poco femenina.
Ya en la calle me sentía tan incómodo caminando, la tipa con la que cambié traía un leggin bien pegado que resaltaba mi culo y un top que pese a que tapaba mis senos dejaba toda mi panza al descubierto. Además el calzón que traía se había metido bien adentro y algo dentro de mi me impedía ajustarlo en público, por lo que tuve que subir al bus toda incómoda.
Antes como chico en el bus tenía que cuidarme de los ladrones, ahora de casi todos los hombres, sentía como eran pervertidos y me miraban todo el rato, especialmente cuando el bus arrancaba o frenaba para ver como mis atributos se movían. Al final después de 20 minutos y estar pegada a puro hombre que quería tocar mis pechos y vagina llegue a mi centro de trabajo.
Mi culo se balanceaba con cada paso que daba, salude a todo el personal que también trabajaba allí y fue al vestidor, allí me quite le top para rápidamente cambiar de bra, a uno deportivo que no fuera a lastimar mis senos, allí aproveché y vi de reojo a unas cuantas chicas que se estaban bañando y cambiando, mientras que guardaba fotos de ellas en el celular de Maria, mi celular.
Empecé a ajustar todas las máquinas en base a mi experiencia y a la de Maria, también tomando en consideración el género del usuario, ya que chicas como yo éramos frágiles a diferencia de los grandes y musculosos hombres que si pueden con más peso. Maldita sean las hormonas femeninas, ya parezco gay hablando así.
Pasaron las horas y entre más pasaba el tiempo, más me sentía cansado, era tedioso tener que inventar rutinas para cada persona que se me acercaba y me sentía desnudo con esta ropa, tenía que seguir aguantado las miradas de los hombres cada vez que yo hacía los ejemplos y me debí agachar, mientras ellos miraban mi culo y para colmo soportar las habladas de ellos y de otras mujeres celosas de mi que pasaban a insultarme por calentar a sus estúpidos novios. Por lo menos otras chicas preferían un trabajo más ligero y aprovechábamos para chismear y planear salidas de amigas.
El top ya me estaba incómodando, lo peor es que se me estaba resbalando a cada rato por el sudor y sentía que las tetas se me iban a salir frente a todos estos hombres, finalmente, terminé mi turno y ya salí tarde del trabajo, estaba muy cansado o cansada ya, quería salir corriendo y llegar a casa a quitarme todo esto y poder disfrutar un poco mi nuevo cuerpo.
Llegué al departamento de Maria, pero parecía que alguien más estaba en la casa, igual como yo me sentía cansada no le di importancia y empecé a buscar comida chatarra mientras me tocaba las tetas.
Después de comerme todas las paletas de helado que había en mi refrigerador, decidí ir al baño otra vez más, me desvestí y entre al agua de la tina, asegurándome que tuvieran las burbujas necesarias para cuidar mi piel, limpie profundamente mis senos y metí el jabón hasta el fondo de mi vagina, también aplique el shampoo necesario para mi pelo y salí de la ducha. Me seque y me puse una pijama de unicornios.
Antes de que me diera cuenta, estaba llorando por películas de romance, empezaba a pensar como Maria, su cuerpo empezaba a cambiarme, en eso me acorde de las fotos que había tomado pero solo me daba asco ver a otra mujer desnuda, en cambio empecé a pensar en los chicos de gimnasio, había uno que parecía de 22 años, era del otro entrenador pero era bastante guapo, tenía una piel clara y tenía el pelo ondulado con un corte bastante atractivo, ¿Tendrá un buen pito?, ¿Acaso se fijaría en mí? Me perdí en mis pensamientos fantaseando sexualmente con aquel chico y poco a poco me empecé a humedecer.
¡Espera! Tu no eres Maria, solo faltan 29 días, eres Carlos y tu jefe te obligo a ser esta morra y tener su cuerpazo de chica fit hasta que todo termine. Fui a verme al espejo y pese a verme como una chica muy femenina, puse a mi voluntad de hombre al control, me rasque la entrepierna y fui a mi cuarto para descansar.
-¡Hola preciosa, lista para pasar una noche buena?-un sujeto me dijo desde la cama-
-¡Hola amor, si soy yo, te estuve esperando todo el día, no vas a creer lo pesado que fue! -respondia dulcemente, como una robot que seguía lo que el cuerpo de esta calentita indirectamente me obligaba a hacer-
Me eche al lado del tipo ese y sin darme cuenta estuve unas cuantas horas hablando con él acerca de mi jornada de trabajo, agarrados de la mano y en cucharita hablábamos sobre cuando nos íbamos a casar, el nombre de nuestros hijos, lo mucho que me gustaría ser madre y también yo intentando convencerlo de adoptar gatitos. Estuvimos en ese plano hasta que me agarro y me beso apasionadamente, siendo correspondido por mi boca y me volteo contra el colchón, metió su mano dentro de mi pantalón de pijama y con la otra estimulaba mis pezones. De un momento a otro sacó su miembro y me olvide de aquel chico del gimnasio, eso era enorme y me encantaba.
Ahora yo fui con la movió pero para echarme de cuatro patas, inclinando mi boca hacia su miembro, la abrí y empecé a introducirlo lentamente hasta que lo sentía sobre mi campana, pese a que debía ser asqueroso me gustaba, ese sabor era del gusto de mi lengua y él empezó a gemir, mientras temblaba hasta que paró y sentí como un chorro caliente salió disparado hasta lo más profundo de mi boca, se había venido allí. Trague toda esa leche y termine limpiando su miembro mientras chupaba las sobras, mi cuerpo estaba caliente y quería más de él.
-¡Ahora viene lo mejor, te voy a hacer mujer!-
Él me dijo con un tono dominante, que a mi mentalidad de chica sumisa le encantaba, me agarró con su brazo y me quitó toda la pijama, me lamía y besaba los muslos de mis piernas, mientras estas se abrían y temblaban, mostrándole el camino a su miembro como mapa del tesoro. Su besos eran irresistibles y ahora los hacía en mis senos mientras me agarraba del cuello.
Me sentía tan dominada, disfrutando de mi macho alfa que me perdí en todo el tiempo que estuve bajo sus caricias, mi entrepierna se sentía húmeda y mientras disfrutaba de todas sus caricias y estimulantes, algo caliente penetró en mi interior.
¡Oh por dios, me la acaban de meter, me van a follar!
Pensaba dentro de mi, sin poder decir nada distinto a los gemidos que soltaba fuertemente, mientras sentía su miembro moverme y deslizarse dentro de mi vagina, mi cuerpo temblaba y tenía escalofríos todo el rato, estaba gozando de su pene y me había vuelto toda suya. Me preguntaba sobre si en realidad me gustaba ser hombre o si era feliz siendo una mujer sumisa como Maria hasta que fui interrumpida por una sensación, al igual que en la boca un líquido caliente entro a mi interior mientras me hacía cosquillas por adentro y poco q poco mi calentura bajo hasta quedarme dormida junta a mi amor.
A la mañana siguiente me desperté primero, lo abracé y bese hasta que me pare para ir al baño, me lave la cara y fui a hacer mis necesidades por primera vez como mujer, solté todo lo que tenía desde ayer y noté como cierta necesidad era similar tanto en hombres como mujeres pero al orinar se sentía distinto, hasta sonaba distinto pero me gustaba ya que eso era ahora mío pese a que fuera extraño hasta cierto punto. Termine y me peine o eso intente ya que no me salió tan bonito como lo había hecho Maria ayer y volví a usar la misma ropa, acomode los senos en el sujetador y me puse el calzón junto al pantalón para ir otro día más al gimnasio,
Pedí a mi gatito que me llevara al gimnasio y allí estuve con mis otras compañeras instructoras ayudando a las otras chicas a levantar sus pompis y aumentar sus pechos mientras que mantenías flaquitas.
Llevaba ya un mes siendo Maria, me sentía muy cómoda en este cuerpo, en ser una chica, tenía amigas y un novio que me quería un montón, además de que me encantaba su estilo de vida. De alguna manera había hecho la vida de Maria mi vida. Aunque esa última semana me sentía con dolores en el vientre y con algunos mareos, por lo que temía experimentar un periodo, pero menos mal nunca me llegó a ocurrir, ya que no llevaba toallitas higiénicas a ningún lado.
Finalmente, luego de estar en sus… no podría decir tacones, ya que Maria usaba más zapatillas, más bien en sus calzones por un mes, regrese a la clínica, feliz de poder volver a mi antigua vida, había aprendido la vida desde el punto de vista de una mujer adulta joven y esperaba que si volvía a ser una mujer, me tocara con alguna tan bella como Maria.
Arregle el cuerpo de Maria lo mejor que pude, aprovechando mi experiencia de un mes siendo mujer, no quería darle una mala impresión de mi, especialmente después de todo lo que hice en su cuerpo, me hice las uñas y las pestañas además de arreglarme el cabello y fui con una blusa blanca y una falda que me hacían parecer una princesa.
A diferencia del cambio inicial que era en anonimato, al regresar a nuestros cuerpos nos permitían hablar entre nosotros.
Ella me platicó que después escuchar a mis padres logró entrar a la universidad en ciencias del deporte incluso, incluso había logrado conseguirme una novia para el 14 de febrero con la cual además de chocolates, disfruto en la cama, teniendo sexo pero con protección.
Yo emocionado le conté todo sobre el primer día en su cuerpo, además de que ella había sido mi primer intercambio y como se sentía ser mujer desde mi punto de vista, además de la relación con su novio y el regalo que me dio por San Valentín, igualmente en la cama, pero esta vez sin protección. Explicándole que tampoco pude resistirme, solo recibiendo risas de su parte.
Regresamos por fin a nuestros cuerpo y me despedí con una gran pena, me había encantado su vida y su cuerpo tan así que les tenía cariño, pero ahora debía retomar mi vida como hombre.
Ahora tenía una novia llamada Valeria de 19 años, de la misma universidad que yo y parecía un poco extrañada de tener pareja pero en poco tiempo nos agarramos cariño hasta amarnos apasionadamente, como si cada uno supiera que es lo que le gusta al sexo opuesto, claro yo sabia que preferían las mujeres por mi experiencia y recuerdos como Maria Nochebuena.
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